viernes, julio 28, 2017

William Carlos Williams / Ocho versiones de "The Red Wheelbarrow" (La carretilla roja)


Una de las editoras del blog Literary Hub, Emily Temple, comprobó este mes que el poema "The Red Wheelbarrow" (La carretilla roja), de William Carlos Williams, es el más antologizado en los últimos 25 años en antologías de poesía de la lengua inglesa. Temple revisó 20 antologías aparecidas desde mediados de los años 90. La lista completa de los poetas antologizados puede consultarse en el sitio, y asimismo la lista de antologías revisadas. El poema de Williams aparece en 11 de esas selecciones, seguido, con diez apariciones, por dos de T.S Eliot, "The Love Song of J. Alfred Prufrock" y "The Waste Land"; uno de Robert Frost, "Birches"; dos de Robert Lowell, "For the Union Dead" y "Skunk Hour", y uno de Ezra Pound, "The River-Merchant’s Wife : a Letter".
El poema al parecer ha producido igual impacto en lengua castellana, si se tienen en cuenta las traducciones con las que cuenta. Recopilé ocho, que van a continuación, incluida la más reciente, la de Noelia Torres, publicada en el post anterior, que aquí cierra la muestra. Fueron tomadas de las publicaciones disponibles, cuyas fechas de edición no en todos los casos corresponden -debe pensarse- a las épocas en que fueron realizadas la traducciones. Por este motivo, el orden no es estrictamente cronológico.

1) La carretilla colorada

Hay tantas cosas
sobre

una carretilla
colorada

brillante por el
agua de la lluvia

junto a las blancas
gallinas.

-versión de Alfredo Casey (Argentina), Dos siglos de poesía norteamericana, Antonio Zamora, Buenos Aires, 1969


2) La carretilla roja

Tanto depende de
una

carretilla roja lustrada
con

agua de lluvia
junto

a los pollos
blancos

-versión de Santiago Perednik (Argentina), La música del desierto y otros poemas, Los Grandes Poetas N° 34, CEAL, Buenos Aires


3) La carretilla roja

Mucho depende
de una

carretilla
roja

lavada con agua
de lluvia

junto a los blancos
polluelos

-versión de Agustí Bartra (Cataluña, España), Antología de la poesia norteamericana, Universidad Nacional Autónoma de México, 1972


4) La carretilla roja

cuánto
depende

de una carre
tilla roja

reluciente de
agua de lluvia

junto a blancas
gallinas

-versión de Octavio Paz (México), Veinte poemas, Ediciones Era, México, 1973


5) La carretilla roja

Tanto depende
de

una carretilla
roja

reluciente de gotas
de lluvia

junto a las gallinas
blancas

-versión de Ernesto Cardenal y José Coronel Urtecho (Nicaragua), Poemas, Visor, Madrid, 1985


6) La carretilla roja

cuánto depende
de una

carretilla
roja

bruñida por el agua
de la lluvia

junto a los blancos
pollitos.

-versión de Alberto Girri (Argentina), Poemas (Stevens, Williams, Lowell), Corregidor, Buenos Aires, 1982


7) La carretilla roja

tantas cosas
dependen de

una carretilla
roja

lustrosa por el agua
de la lluvia

entre gallinas
blancas.

-versión de Ezequiel Zaidenwerg (Argentina), Zaidenwerg, 2010


8) La carretilla roja

muchas cosas dependen
de una

carretilla
roja

glaseada con agua
de lluvia

al lado de las gallinas
blancas

-versión de Noelia Torres (Argentina), Otra Iglesia Es Imposible, 28.7.2017


The Red Wheelbarrow  

so much depends 
upon 

a red wheel 
barrow 

glazed with rain 
water 

beside the white 
chickens

William Carlos Williams (Rutherford, Estados Unidos, 1883-1963), “The Red Wheelbarrow”, The Collected Poems of William Carlos Williams, Volume I, 1909-1939, edited by Christopher MacGowan. Copyright 1938 by New Directions Publishing Corporation. Poetry Foundation


William Carlos Williams / La carretilla roja


muchas cosas dependen
de una

carretilla
roja

glaseada con agua
de lluvia

al lado de las gallinas
blancas

William Carlos Williams (Rutherford, Estados Unidos, 1883-1963), The Collected Poems: Volume I 1909-1939, New Directions Publishing Corporation, 1938 - Poetry Foundation
Versión de Noelia Torres


Ref.: Poetry Foundation


The Red Wheelbarrow  

so much depends 
upon 

a red wheel 
barrow 

glazed with rain 
water 

beside the white 
chickens


jueves, julio 27, 2017

John Ashbery / Malo para los nombres













Hemos estado aquí lo suficiente.
El pasado retrocede como una sombra exageradamente grande
hacia lo presciente y nuevo-
aquello que en principio vine a investigar.
Tengo mis notas, gracias. El tren espera
en la pequeña área cercada. Mi única obligación
ahora es agradecer a todos los que me aguantaron
y confiaron en mí tanto tiempo. Debió parecer
un largo proceso. Mi agradecimiento es también
para otros con quienes nunca estuve en contacto,
quienes podrían no haber estado vivos, pero con
quienes de algún modo estuvimos yuxtapuestos, y como mi pluma
tacha por su cuenta, es en especial a esos otros
a quienes quiero recordar. En una palabra, merci.

Y en etapas aleatorias del viaje él ve
lo que estábamos destinados a ver: ropa interior en la soga,
hojas volando, áreas de nieve sucia. Es verdad que nadie nunca
te evalúa en estas cosas, que nada hubiera sido distinto
si no hubieses visto todas, pero al emerger
se convirtieron en parte del paisaje, tan vasto y vigoroso
que nadie lo ve. Luego, en la estación,
te encuentras con un pequeño grupo de amigos y de no tan amigos,
discutiendo sobre si el trato habría sido diferente
si hubiera ocurrido en algo similar a un período de tiempo,
o en un paisaje, incluso un paisaje del que solo hayamos oído hablar.
Y se muestran sus ropas entre ustedes, sonriendo con timidez,
y hablan de los efectos secundarios de la medicación
que todos toman estos días, y que parece que ha hecho
una diferencia, haciendo brotar hojas en las plazas.

La escritura de grandes viajes debe ser fabricada así
para que el brillo del desierto se convierta en algo manejable
y las antenas congeladas se resistan a los precios de cierre del día.
Un momento de horrible brujería no es demasiado que digerir
para que la tierra se convierta en una, y la gente se acomode
como mejor les parezca.

John Ashbery (Rochester, Estados Unidos, 1927), "Hotel Lautréamont", 1992, Notes from the Air. Selected Later Poems, HarperCollins, New York, 2007
Versión © Silvia Camerotto

Ref.: Meet John Ashbery


No good at names

We’ve been out here long enough.
The past recedes like an exaggeratedly long shadow
into what is prescient, and new –
what I originally came to do research on.
I have my notes, thank you. The train is waiting
in the little enclosed yard. My only duty
now is to thank all those who put up with me
and trusted me so long. It must have seemed
like  a long process. My thanks are due, too,
to others with whom I never came in contact,
who may not have been alive, but
somehow we were in apposition, and as my pen
strikes out on its own, it is chiefly those others
I wish to remember. In a word, merci.

And at random stages of the journey he sees
what we were meant to see: underwear on a clothesline,
flying leaves, patches of dirty snow. It’s true no one
ever tests you on these things, that nothing would have been different
if you hadn’t seen them all, yet by emerging
they have become part of the picture, so vast and energetic
it gets seen by nobody. Later, in the station,
you greet a small group of close and not-so-close friends,
sparring about would the bargain have been different
if it had happened in something resembling a time-frame,
or a landscape, even a landscape one has only heard about.
And you show each other your clothes, smiling shyly,
and talk about the after-effects of the medication
everyone’s taking these days, and it seems to have made
a difference, brought out the leaves in the public squares.

Great travel writing has to be manufactures this way
For the desert’s glitter to sink back into something tractable
and frozen antennae to balk at the day’s closing prices.
A moment of horrible witchcraft isn’t too much to be swallowed
for the land to become whole, and people wise
in the way that suits them.



miércoles, julio 26, 2017

Darío Jaramillo / De "Gatos"















La luna dora los techos.
Inesperadas, aparecen las sombras de los gatos.
Son tan sigilosos
que son solamente sus sombras.
Ellos ven todo sin ser vistos
y todo debe estar quieto mientras se mueven
para que ellos puedan sentirse inmóviles,
los gatos, sus sombras.


*


Estados de la materia.
Los estados de la materia son cuatro:
líquido, sólido, gaseoso y gato.
El gato es un estado especial de la materia,
si bien caben las dudas:
¿es materia esta voluptuosa contorsión?
¿no viene del cielo esta manera de dormir?
Y este silencio, ¿acaso no procede de un lugar sin tiempo?
Cuando el espíritu juega a ser materia
entonces se convierte en gato.

Darío Jaramillo Agudelo (Santa Rosa de Osos, Colombia, 1947), Gatos, Pre-Textos, Valencia, 2005

Ref.:
El País - Cali, Colombia
Poeticus
Pre-Textos


martes, julio 25, 2017

Uriel Martínez / Como ladrón
















como ladrón primerizo el aire
brincó la ventana y cayó
la fotografía en que aparecemos
juntos;
cayó al piso, se estrelló
y fue luego una imagen
en sepia, como nosotros,
ajenos;
corrí luego la ventana,
eché la aldaba, gritó
el pestillo; no había aceite;

barrí los restos de la imagen
como pude y los llevé
al cesto de desechos,
como yo, como tú,
como nadie;

luego el silencio fue.


[Inédito]

Uriel Martínez (Zacatecas, México,1950)


Ref.: Los Lavaderos
Foto: Uriel Martínez en FB


lunes, julio 24, 2017

Carl Solomon / La vida es















La vida es Gary Cooper peleando contra los árabes en su uniforme
/de la Legión Extranjera.
La vida es leer a Kierkegaard en 1948 en la biblioteca de la calle
/Cuarenta y Dos.
La vida es madre y tías y tíos y primos y el recuerdo del padre.
La vida es enumerar los suicidios y psicosis de éste y el otro.
La vida es indignación, indignación contra aquellos reales o imaginados
que se han vuelto ricos y exitosos y se fueron y te dejaron arrastrándote
/en la desesperanza.
La vida es analizar verbos y cepillarse los dientes.
La vida es jugar al Monopoly y al Scrabble, y al tenis y el ping pong y
/avanzar hacia el siguiente destino.
Sobre todo, la vida es engañosa – cuando aquellos olvidados regresan, cuando encuentras viejos amores y nuevos odios y combinan inextricablemente el entretejido en un lienzo del cual uno nunca puede percibir el diseño maestro predominante.

-More Mishaps, City Light Books, San Francisco, 1968
Traducción de Mariano Rolando Andrade

Carl Solomon (Nueva York, Estados Unidos, 1928-1993), Poesía beat, selección de Juan Arabia y Mariano Rolando Andrade, Buenos Aires Poetry, Buenos Aires, 2017


Foto: Carl Solomon por Allen Ginsberg (detalle) /Allen Ginsberg Project © The Estate of Allen Ginsberg

Ref.:
Buenos Aires Poetry
The Allen Ginsberg Project
The Philosophy of the Beats


LIFE IS

Life is Gary Cooper fighting the Arabs in his Foreign Legion uniform.
Life is reading Kierkegaard in 1948 in the Forty Second Street Library.
Life is mother and aunts and uncles and cousins and memory of father.
Life is enumerating the suicides and psychoses of this one and that one.
Life is anger, anger at those real or imagined who have become rich and
successful and gone away and left you grovelling in despair.
Life is parsing of verbs and brushing of teeth.
Life is playing Monopoly and Scrabble and Tennis and Pingpong and moving
/on to a new destination.
Above all, life is deceptive – when those forgotten return, when you meet old
loves and new hates and they mingle inextricably interwoven into a fabric
of which one can never perceive the whole overriding master design.


domingo, julio 23, 2017

Emma Barrandeguy / La foto













Esa soy yo:
una mujer gastada y melancólica
con la mirada
que arranca de una infancia razonable
y una cabeza peinada
como corresponde
a una señora de tantos años.
Procuro que las canas
tengan su orden natural
que tranquiliza a los que miran,
aunque yo casi estoy segura,
después de todo,
que moriré sin haber sentado cabeza.

Emma Barrandeguy (Gualeguay, Argentina, 1914-2006), Refracciones, Sociedad de Escritores de Gualeguay, 1986

Ref.:
Emma, la cautiva, por María Moreno / Radar Libros
Emma Gunst


sábado, julio 22, 2017

Leopoldo María Panero / Blancanieves se despide de los siete enanos















Prometo escribiros, pañuelos que se pierden en el horizonte, risas que palidecen, rostros que caen sin peso sobre la hierba húmeda, donde las arañas tejen ahora sus azules telas. En la casa del bosque crujen, de noche, las viejas maderas, el viento agita raídos cortinajes, entra sólo la luna a través de las grietas. Los espejos silenciosos, ahora, qué grotescos, envenenados peines, manzanas, maleficios, qué olor a cerrado, ahora, qué grotescos. Os echaré de menos, nunca os olvidaré. Pañuelos que se pierden en el horizonte. A lo lejos se oyen golpes secos, uno tras otro los árboles se derrumban. Está en venta el jardín de los cerezos.

Leopoldo María Panero (Madrid, 1948-Las Palmas de Gran Canaria, 2014), “Tarzán traicionado" (1967)”, Así se fundó Carnaby Street, Libres de Sinera, Barcelona, 1970
Envío de Mercedes Alvarez

Ref.:
Instituto Cultural de León
Blog Leopoldo María Panero



viernes, julio 21, 2017

Louis Untermeyer / Hogar















¿Es un símbolo de admiración o una traición cuando,
   Volviendo de todo lo dulce, por los caminos acostumbrados,
Dejo tus labios y ojos para buscarte en
                  alguna otra cara?
                           
¿Por qué estoy buscando lo que ya tengo
   Y yendo tan lejos para encontrarlo cerca, al alcance de la mano?
No lo sé - Solo sé que deseo
           encontrarte a vos al final.

Solo sé que el Amor tiene muchos hogares
   Que el Hambre tiene muchos caminos para vagar
Y que la Belleza es el sueño que impulsa la tierra
                  Y me lleva de vuelta al hogar.

Louis Untermeyer (Nueva York, Estados Unidos, 1885-Newtown, Estados Unidos, 1977)
Traducción de Noelia Torres

Ref.:
Poetry Foundation
All Poetry
Poet's Corner


Home

It is a tribute or betrayal when,
   Turning from all the sweet, accustomed ways,
I leave your lips and eyes to seek you in
                   Somes other face?

Why a, I searching after what I have,
   And going far to find the near at hand?
I do not know - I only know I crave
                    To find you at the end.

I only know that Love has many a hearth,
   That Hunger has and endless path to roam,
And Beauty is the dream that drives the earth
                     And leads me home.


jueves, julio 20, 2017

Guadalupe Grande / Dos poemas














Postal VII
(Fábrica de moneda y timbre)

En el centro de cada moneda
se asoma hacia la calle
la pupila de la limosna.

Una lágrima helada,
una lágrima de tinta
en la que se conjugan todas las palabras
hasta llegar aquí,
     espejo sin azogue
que cierra la cuadratura del círculo:

     uno por uno es uno,
     dos por dos en las manos de cada esquina,
     tres por tres en los túneles del desconcierto,

salta la oca en las lágrimas de la limosna.

(La llave de niebla, Calambur, Madrid, 2004)



Gatas pariendo

Así escuchas las cosas de tu vida como el maullido de un gato al fondo del jardín

Te despiertas de madrugada y oyes al fondo muy al fondo ese remoto maullido de gato recién nacido

Y un verano y otro y  luego otro más hasta llegar a esta noche

Al fondo jardín al fondo

Así escuchas las cosas de tu vida así escuchas las cosas del mundo
a oscuras   de noche  palpando el susto de no  entender o el de no querer hacerlo

y ese gato que no para de maullar y es una pequeña herida no sabes de qué no sabes de quién pero ahí está insistiendo clamando de hambre y noche al borde del peligro al borde del abismo al borde del jardín   un coche un faro luego nada

y continuarán los maullidos más obcecados que tú y si no al tiempo al próximo verano hasta la próxima canícula sonido desvalido como una onomatopeya tan poco lírica que no la puedes escribir te dices

qué pensaría nadie y quien es nadie al leer esa onomatopeya tan líricamente escrita tan ridículamente sonora tan de viñeta de posguerra

pero suena suena cada noche

y tú para bordear la herida te dices  que así empezó todo con una onomatopeya con un sonido tan innombrable como ahora el insistente maullido del gato recién nacido convocándote a dónde pidiéndote qué

O quizá algo peor  tal vez nada te convoque y tan solo te despiertas en medio de la noche para ser el precario testigo que no puede traducir una onomatopeya
Eso te dices para bordear la herida


Escuchas al gato y recuerdas que  has visto un hombre con el torso descubierto y sin brazos al borde de la calle
has rozado la pierna perdida en el pantalón doblado sobre el muslo y has visto que la muerte es  un ramo de rosas de plástico atado a un farol

y te has preguntado qué palabra no es una onomatopeya indescifrable para seguir la sombra de los días

Un verano y otro y otro más  al fondo de la vida al fondo del jardín al fondo del sonido

Y las gatas siguen pariendo sin parar y paren onomatopeyas que al fondo del jardín resuenan como las tablas de la ley


(Hotel para erizos, Calambur, Madrid, 2010)

Guadalupe Grande (Madrid, 1965)

Ref.:
Emma Gunst
El Cultural
Trinarts


miércoles, julio 19, 2017

William Carlos Williams / Paterson, 28

Libro Dos
Domingo en el Parque 
III (cont. y final)


Cuando era muy joven, ridículamente joven (en edad escolar) para un papel principal, con mi mente no del todo desarrollada y todas mis ideas en estado embrionario de una semana, podía conseguir reseñas de libros en una cantidad de revistas sin dificultad –y todos ellos, libros de escritores reconocidos (como Cummings, Babette Deutsch, H.D.) mientras que ahora que mis ideas han madurado, y cuando de verdad tengo algo que decir, no puedo conseguir ningún tipo de trabajo de esa índole. ¿Y por qué? Porque en todos esos años intermedios me he visto obligada, como mujer no satisfecha con el lugar de la mujer en el mundo, a realizar una cantidad de trabajo pionero que una cantidad de escritores de tu sexo y de tu contexto social no han padecido, y que los de mi propio sexo desaprueban (por razones a las que ya me he referido) –de modo que en el momento en que quise volver de la vida a la escritura (con mis ideas aclaradas y enriquecidas por la vida) ahí estaba (y todavía estoy)- por esa forma de vida- completamente exiliada de la sociedad.
   Pasé por alto y traté muy por arriba (en mi primera conversación contigo) aquellas actividades literarias de mi temprana juventud, porque el trabajo en sí no era mejor que el de cualquier estudiante de primer año o el precoz estudiante del último año aporta a su revista escolar. Pero, después de todo, ese trabajo, en lugar de aparecer en la revista escolar a la que pertenece, fue tomado tan seriamente por editores con importantes publicaciones literarias de esa época, que yo podía hacer un promedio de 15 dólares semanales con mucha facilidad. Y lo comento y lo señalo aquí porque tu bien podrás imaginar a la luz de ello cómo me siento al darme cuenta en base a unos cuantas superficialidades (tales como tener mucho sex-appeal y estar en la compañía adecuada) es que fui capaz de mantener mi identidad como escritor en mi relación con el mundo, cuando ahora no me está permitido ejercerlas porque fue necesario deshacerme de las superficialidades en mi vida.
   Jamás has tenido que vivir, Dr. P-en  ninguna de las callejuelas o de  los pasillos de subte donde la vida es puesta a prueba con frecuencia. Las mismas circunstancias de tu nacimiento y contexto social te proveyeron de una salida a la cruda vida,  y tu confundes esa protección de la vida con la inhabilidad para vivir –y así es que puedes considerar la literatura nada más como el último y desesperado recurso de la ilusoria incapacidad para vivir. (He estado revisando algunos de tus textos autobiográficos, tal como este comentario indica.)
   Pero vivir (vivir sin resguardo, digo) no es algo que uno se siente a pensar o a decidir. Nos pasa como si fuera algo tan simple como el sarampión o algo tan grave como un bote haciendo agua o un terremoto.  O si no, no pasa. Y cuando lo hace, entonces uno debe dar vida (como lo haces tú) a puras simpatías literarias y puntos de vista, la profunda percepción y humanidad de las palabras únicamente en papel- y también, ay, el ego del hombre de letras que probablemente haya jugado un papel importante en tu cambio de actitud hacia mí. El ego de ese hombre de letras quiso ayudarme en modo tal, creo, que mis propios logros pudieran servir como una flor para su ojal, si acaso esa ayuda hubiera sido suficiente para hacerme florecer.
   Pero no traigo flores para ningún hombre en forma de amor ni de amistad. Esa es una de las razones por las que no quise aquella introducción a mis poemas. Y no quiero ser desagradable ni sarcástica en las últimas líneas de esta carta. Por el contrario, un sentimiento de profunda tristeza ha reemplazado la furia y la indignación con la comencé a escribir todo esto. Deseaba tu amistad, más de lo que nunca he deseado nada (sí, más que nada, y he deseado con intensidad otras cosas). La deseaba con desesperación, no porque no tengo nada con lo que adornar el orgullo de cualquier hombre –sino porque no la tenía.
  Sí, la furia que imaginaba sentir en todas las páginas anteriores era falsa. Soy muy infeliz y estoy demasiado sola para estar furiosa; y si algunas de las cosas sobre las que te he llamado la atención aquí causaran algún cambio en tu corazón respecto de mí, eso sería justamente la única cosa que puedo concebir como posible en mi vida en este momento.

La votre.
C.

Pd. El que haya regresado aquí a la calle Pine 21 me obliga a añadir que el misterio sobre quién falsificó el ‘Cress’ en aquel giro postal y que además se llevara uno de los cheques de Brown (aunque nunca se cobró, y por lo tanto se reemplazó luego) jamás fue aclarado. Y el portero que estaba aquí entonces, ha muerto. No creo que fuera él quien se llevó el dinero. Pero aun así me alegró que la oficina de correos no investigara a fondo porque en ese caso de que Bob hubiese estado involucrado se hubiera metido en serios problemas –lo que no me hubiera gustado nada, porque él era uno de esos negros miserablemente mal pagos y un tipo extremadamente honrado en muchos aspectos. Pero ahora desearía que hubiera sido investigado luego de que muriera (lo que ocurrió hace dos meses) porque los ladrones podrían haber sido uno de esos bajos y ruines granjeros cuya explotación permanente de los trabajadores de la granja debería ser sacada a la luz de algún modo, y porque si en efecto robaron el giro postal y fueran encarcelados por eso, eso mismo hubiera llamado la atención de las autoridades hacia el resto de sus actividades ilegales: y aun así esa clase de justicia no me interesa demasiado. Lo que se halla en el fondo de este o cualquier otro delito o acto antisocial, psicológica como socialmente, me interesa mucho más. Pero al afirmar esto último, recordé cuánto  me gustaría hacer una cantidad de cosas con gente en alguna prosa- un cuento, tal vez una novela. No puedo decirte cuánto deseo la vida que se necesita para escribir. Y simplemente no puedo hacerlo sola. Ni siquiera tengo una máquina de escribir ahora, ni siquiera una alquilada –y no puedo pensar bien si no es con una máquina de escribir. Puedo escribir poesía (aunque solo el primer borrador) a mano, y cartas. Pero para cualquier tipo de prosa, que no sea cartas, no puedo hacer el trabajo sin una máquina de escribir. Pero eso, por supuesto, es el menor de mis problemas –la máquina de escribir; al menos, es el más fácil de resolver.

C.

Dr. P.:
   Esta es la más simple y directa carta que alguna vez te haya escrito; y debes leerla completa y con cuidado, porque es sobre ti, como escritor, y sobre tus ideas con respecto a las mujeres que escribiste en tu artículo en A.N., y porque en lo que a mí respecta, contiene cierta información que no creí fuera necesario darte antes, y que creo ahora debes conocer. Y si mi enojo al principio te enfurece demasiado para continuar –bueno, ese enojo no figura en la última parte, ahora que agrego esta posdata.

C.

Y si no tienes ganas de leerla incluso por estas razones, ¿lo harías, por favor, solo por consideración hacia mí? –mucho tiempo, muchas reflexiones y mucha infelicidad han circulado por estas páginas.


William Carlos Williams (Rutherford, Estados Unidos, 1883-1963), Paterson, New Directions, Nueva York, 1963
Versión © Silvia Camerotto

Foto: William Carlos Williams (delante) con Ezra Pound, por Richard Avedon, Nueva Jersey, 1958

Book Two
Sunday in the Park  III

When I was very young, ridiculously young (of school-girl age) for a critical role, with my mind not at all developed and all my ideas in a state of first-week embryonic formlessness, I was able to obtain book-reviews from any number of magazines without any difficulty— and all of them books by writers of accepted importance (such as Cummings, Babette Deutsch, H. D.) whereas now when my ideas have matured, and when I really have something to say, I can get no work of that kind at all. And why is that? It's because in all those intervening years, I have been forced, as a woman not content with woman's position in the world, to do a lot of pioneer living which writers of your sex and with your particular social background do not have thrust upon them, and which the members of my own sex frown upon (for reasons I've already referred to) — so that at the very moment when I wanted to return to writing from living (with my ideas clarified and enriched by Jiving) there I was (and still am) — because of that living — completely in exile socially. //I glossed over and treated very lightly (in my first conversation with you) those literary activities of my early girlhood, because the work in itself was not much better than that which any talented college freshman or precocious prep-school senior contributes to her school paper. But, after all, that work, instead of appearing in a school paper where it belonged, was taken so seriously by editors of the acceptably important literary publications of that time, that I was able to average as much as $15 a week, very easily, from it. And I go into that now and stress it here; because you can better imagine, in the light of that, just how I feel in realizing that on the basis of just a few superficial (such as possessing a lot of appealingly youthful sex-appeal and getting in with the right set) I was able to maintain my personal identity as a writer in my relationship to the world, whereas now I am cut off from doing so because it was necessary for me in my living, to strip myself of those superficials. //You’ve never had to live. Dr. P — not in any of the by-ways and dark underground passages where life so often has to be tested. The very circumstances of your birth and social background provided you with an escape from life in the raw; and you confuse that protection from life with an inability to live — and are thus able to regard literature as nothing more than a desperate last extremity resulting from that illusionary inability to live. (I’ve been looking at some of your autobiographical works, as this indicates.) //But living (unsafe living, I mean) isn't something one just sits back and decides about. It happens to one, in a small way, like measles; or in a big way, like a leaking boat or an earthquake. Or else it doesn't happen. And when it does, then one must bring, as I must, one's life to literature; and when it doesn't then one brings to life (as you do) purely literary sympathies and understandings, the insights and humanity of words on paper only— and also, alas, the ego of the literary man which most likely played an important part in the change of your attitude toward me. That literary man's ego wanted to help me in such a way, I think, that my own achievements might serve as a flower in his buttonhole, if that kind of help had been enough to make me bloom. //But I have no blossoms to bring to any man in the way of either love or friendship. That's one of the reasons why I didn't want that introduction to my poems. And I'm not wanting to be nasty or sarcastic in the last lines of this letter. On the contrary a feeling of profound sadness has replaced now the anger and the indignation with which I started to write all this. I wanted your friendship more than I ever wanted anything else (yes, more, and I've wanted other I wanted it desperately, not because I have a single which to adorn any man's pride— but just because I haven't. //Yes. the anger which I imagined myself to feel on all the previous pages, was false. I am too unhappy and too lonely to be angry; and if some of the things to which I have called your attention here should cause any change of heart in you regarding me, that would be just about the only thing I can conceive of as occurring in my life right now. //La votre  //C. //P. S. That I'm back here at 21 Pine Street causes me to add that that mystery as to who forged the "Cress" on that money order and also took one of Brown's checks (though his was not cashed, and therefore replaced later) never did get cleared up. And the janitor who was here at the time, is dead now. I don't think it was he took any of the money. But still I was rather glad that the post- office didn't follow it through because just in case Bob did have anything to do with it, he would have gotten, into serious trouble — which I shouldn't have welcomed, because he was one of those miserably underpaid negroes and an awfully decent human being in lots of ways. But now I wish it had been followed through after he died (which was over two months ago) because the crooks may have been those low vile upstate farm people whose year-round exploitation of down and out farm help ought to be brought to light in some fashion, and because if they did steal the money order and were arrested for it, that in itself would have brought to the attention of the proper authorities all their other illegal activities as well: And yet that kind of justice doesn't interest me greatly. What's at the root of this or that crime or antisocial act, both psychologically and environmentally, always interests me more. But as I make that last statement, I'm reminded of how much I'd like to do a lot of things with people in some prose — some stories, maybe a novel. I can't tell you how much I want the living which I need in order to write. And I simply can't achieve them entirely alone. I don't even possess a typewriter now, nor have even a rented one — and I can't think properly except on a typewriter. I can do poetry (though only the. first draft) in long-hand, and letters. But for any prose writing, other than letters, I can't do any work without a typewriter. But that of course is the least of my problems— the typewriter; at least the easiest to do something about. //C. //Dr. P.: //This is the simplest, most outright letter I've ever written to you; and you ought to read it all the way through, and carefully, because it's about you, as a writer, and about the ideas regarding women that you expressed in your article on A. N M and because in regard to myself, it contains certain information which I did not think it necessary to give you before, and which I do think now you ought to have. And if my anger in the beginning makes you too angry to go on from there — well, that anger of mine isn't there in the last part, now as I attach this post-script. //C. //And if you don't (eel like reading it even for those reasons, will you then do so, please, merely out of fairness to me— much time and much thought and much unhappiness having gone into those pages. 


martes, julio 18, 2017

Juan José Saer / Dos poemas
















A los pecados capitales

Por nuestra fantasía, nos liberan
de la materia pura, pero caemos en la red
de la esperanza. Pecados, vicios, y hasta
las débiles virtudes, nos separan
del cuerpo único del caos.
nos arrancan
de la madera y de los mares.
Guardianes en el umbral de la nada.


Para cantar

La tarde está limpia como una hoja vacía.
A veces, como una mano que escribe, la borronea el viento.
La carcome, como a una esperanza que se enfría
por ráfagas de remordimiento.
Tarde carcomida de octubre, desaforada luz del día.
No tengo paz y estoy contento.

Juan José Saer (Serodino, Argentina, 1937-París, 2005), El arte de narrar, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, Argentina, 1988


Foto: Juan José Saer s/d


lunes, julio 17, 2017

Archibald MacLeish / Ars Poetica
















Un poema ha de ser palpable
y mudo como fruta redonda.

Mudo
como un viejo medallón entre los dedos.

Silente como piedra suave,
como piedra visible tras el musgo y la ventana.

Un poema entonces, ha de ser
como el vuelo de los pájaros.

*

Un poema ha de ser inmóvil en el tiempo
como la luna cuando asciende,

atravesando junto a ella
y rama tras rama, la noche con sus árboles.

Y como la luna tras las hojas del invierno,
va olvidando nuestra mente las palabras.

Un poema ha de ser inmóvil en el tiempo,
como lo es la luna cuando asciende.

*

Un poema ha de ser igual
a una mentira.

Para toda la historia que nos duele,
un camino vacío y una hoja cayendo.

Para el amor
golpeadas hierbas y dos luces sobre el mar.

Un poema no ha de significar nunca,
sino que ha de ser por un momento.

[Collected Poems 1917-1952, Houghton Mifflin Harcourt, 1952]

Archibald MacLeish (Glencoe, Estados Unidos, 1892-Boston, Estados Unidos, 1982), Periódico de Poesía, N° 100, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), junio de 2017
Traducción de Daniel Medina

Ref. Poetry Foundation


Ars poetica 

A poem should be palpable and mute
As a globed fruit, 

Dumb As 
old medallions to the thumb, 

Silent as the sleeve-worn stone 
Of casement ledges where the moss has grown— 

A poem should be wordless 
As the flight of birds. 



A poem should be motionless in time 
As the moon climbs, 

Leaving, as the moon releases 
Twig by twig the night-entangled trees, 

Leaving, as the moon behind the winter leaves, 
Memory by memory the mind— 

A poem should be motionless in time 
As the moon climbs. 



A poem should be equal to: 
Not true. 

For all the history of grief 
An empty doorway and a maple leaf. 

For love 
The leaning grasses and two lights above the sea— 

A poem should not mean 
But be.

Copyright © 1985 by The Estate of Archibald MacLeish.


domingo, julio 16, 2017

Ján Zambor / Mesa
















Una mesa de escritorio, entrevista
en el viejo garaje de una casa abandonada
y silenciosa, reposando
sobre un costado, traída
de algún sitio, hasta ahora
arrumbada,
fuerte como el roble (todavía),
lisa como una hoja;
el intenso deseo
de quedarse aquí,
de acariciarla con un trapo delicado,
de entrarla solemnemente en la habitación,
de acomodarse en ella, tan amplia,
de dejar en ella un platillo con una taza tintineante,
de lustrarla con los codos, las palmas de las manos y los dedos,
o con el rostro,
de experimentar placeres
de ermitaño.
Seguramente florecería, daría hojas,
frutos.
Buey de los ancestros,
tiraría de una carga pesada,
sacaría del fango un carro atascado.
Buen caballo fiel de los ancestros,
me llevaría
galopando por el paisaje,
nuestras cabezas al viento.

Ján Zambor (Tušická Nová Ves, República Eslovaca, 1947), "Nueva poesía eslovaca", Nayagua. Revista de poesía, 2ª época, nº 19, Madrid, julio de 2013
Traducción de Alejandro Hermida
Envío de Jonio González

Ref.: Fundación Centro de Poesía José Hierro


sábado, julio 15, 2017

Linda Pastan / Amelancier















Porque el sábalo
nada ahora
en nuestras aguas,

abriendo la piel
del río con sus
opacas aletas plateadas,

mientras avanza corriente arriba

directo a nuestras mesas
donde todos

los cuchillos y tenedores brillan
expectantes, esos árboles
en el bosque estallan

en flores pequeñas, blancas
banderas que se rinden
a la primavera.

Linda Pastan (Nueva York, Estados Unidos, 1932), Queen of a Rainy Country: Poems, W. W. Norton, Nueva York, 2006.
Versión de Jonio González

Nota del traductor: El juego entre "shadblow" (un árbol muy corriente en Canadá y el este de EE. UU., de flores pequeñas y blancas) y "shad", sábalo, es intraducible y encuentra su sentido en el último terceto. Dándole vueltas, busqué otras traducciones, para ver cómo se las habían ingeniado otros traductores, aunque sin mucha, o ninguna, esperanza. Y sólo encontré una, en italiano, de Roberto Biacca, que traduce el título como "Colpo d’alosa". "Shadblow", en efecto, puede traducirse literalmente así, "Golpe de sábalo", pero encuentro dos contras. La primera, que me parece que lo más normal, y usual, habría sido que Pastan escribiese "Shad blow", y la segunda, que se pierde por completo la intención de unir el título con el final del poema y a la vez jugar con el nombre del pez. Así, pues, me decidí por el árbol en detrimento del juego. Y de todos los nombres (horribles) que tiene en castellano, me incliné por el científico, aunque con una pequeña trampa: lo modifiqué recogiendo el nombre original (en provenzal) del que deriva el término científico. En fin, puras disquisiciones de aficionado, y, por supuesto, existe la posibilidad de que me haya equivocado por completo.

Ref.: Poetry Foundation


SHADBLOW

Because the shad 
are swimming 
in our waters now,


breaching the skin 
of the river with their 
tarnished silvery fins,


heading upstream 
straight for our tables 
where already


knives and forks gleam 
in anticipation, these trees 
in the woods break


into flower—small, white 
flags surrendering 
to the season.


viernes, julio 14, 2017

Jorge Fondebrider / Cross Country
















I.Bristol

Dormidos, en taxi, temprano, nos fuimos
de Cardiff a Bristol,
72 km para viajar al norte.
Pero por el mal tiempo, se suspendió el avión.
Cansados, molestos, corrimos,
llegamos al andén,
vamos al norte en tren,
viajamos desde Bristol,
ciudad de iglesias bombardeadas
y casi nada más esa mañana de ansiedad.
Llevamos las ganas de llegar y tres valijas.
Llevamos los bostezos de una noche mal dormida.
Miramos por el vidrio. Richard lee.
Marina dice que el campo se termina en una huerta.
Detrás de la ventana vemos cielo, nubes negras,
los prados bien peinados y prolijos,
y el orden aparente de Inglaterra
después de su violencia soterrada, aunque latente,
expuesta en muchas guerras
y en su larga trayectoria criminal.

II.Birminghan

En los años sesenta, para la música, fue tan importante como Liverpool:
Spencer Davis Group, Traffic, The Move son prueba suficiente.
Mercedes Álvarez un día me contó que vivió aquí:
una ciudad industrial, siempre muy gris, muy castigada.
Pero charlábamos de algo con Richard y Marina y no presté atención.
Puede vivir sin mí, les dije. Qué cosa, preguntaron.
La ciudad puede vivir sin mí.

III.Sheffield

Sheffield está en el sur de Yorkshire.
Se llama Sheffield por el río Sheaf, que la cruza y que no vi porque dormía.
Lo sé por la foto de Marina.
Roncabas –dijo ella.
Roncaba.

IV.Leeds

En el 616 o 626, el reino de Elmet fue invadido por Northumbria.
Loidis entonces ya fue Ledes, que fue Leeds,
que en los siglos XVII y XVIII la lana volvió próspera.
De lo demás, sé poco. Lo importante
es que, el 14 de febrero de 1970,
allí los Who grabaron un concierto.
Se lo digo a Marina que vive en otro mundo
y con otras referencias. No me entiende. Richard, sí.
Dice “los Who”,
y el tren, como el tiempo, avanza inexorable.

V. York

Ebocarum era un fuerte en la provincia romana de Britania.
Más tarde llegó a ser una ciudad amurallada
que un día de otro siglo ya fue York, en el norte de Yorkshire,
y quedó en manos de los anglos, de los vikings,
de Erico I de Noruega, echado por Eadred, el rey de los ingleses.
Después vino otro rey, pensaba yo apoyado contra el vidrio
mientras el tren avanza.
Digamos que una cosa es creer en las virtudes de la guerra,
llenarse la boca con la guerra
y otra cosa muy distinta es sentir olor a carne chamuscada,
ver gente sin cabeza,
tener hambre,
tener miedo
saberse responsable de la guerra.

VI. Durham

Aquí vivió Ric Caddel, con quien cambiamos cartas y no nos conocimos
nunca porque un día se murió. Tengo sus libros.
Pronuncian “Duran”, muy rápido y cortito,
y rápido y cortito pasa el tren por la ciudad.

VII. Newcastle

Bajamos en Newcastle. Todo un día.
La cruza el río Tyne de la canción.
Adriano estuvo aquí con su muralla
para impedir que los pictos se instalaran. Se instalaron,
de todas formas, poco a poco. Como Bill.
Bill Herbert es de Dundee y esa noche
nos presenta en la lectura de la universidad.
Histrión y buen poeta, le creemos.
Uno siempre debería creerle a un buen poeta,
sabiendo de antemano que no importa
que diga o que no diga la verdad.

VIII. Lindisfarne

Con marea baja se llega caminando.
Con marea alta es una isla en la costa de Northumberland.
Aidan, que era monje, le puso un monasterio,
donde estuvo San Cuthbert,
San Eadfrith,
San Eadberht,
todos santos de nombres imposibles de siglos imposibles.
Después hubo los vikings, los normandos, los ingleses,
nosotros que pasamos con el tren.

IX.  Berwick-upon-Tweed

Bryneich fue Beornice, fue Bernicia
que finalmente llegó a  Berwick,
el pueblo o la granja de cebada según el traductor.
La cruza el río Tweed que bordea la frontera entre Inlaterra y Escocia.
Cuatrocientos años de peleas, de ser de unos y otros
para volverse un día la ciudad más al norte de Inglaterra y para siempre.
Por la ventana vimos Berwick-upon-Tweed como una exhalación,
sus muros medievales,
la noche que caía,
el fin del viaje.

Jorge Fondebrider (Buenos Aires, 1956), Periódico de Poesía, N° 100, Universidad Autónoma de México (UNAM), junio de 2017


jueves, julio 13, 2017

Margaret Atwood / Canción de sirena














Esta es esa canción que todos
desean aprender: la canción
que es irresistible:

la canción que fuerza a los hombres
a saltar por la borda en escuadrones
aunque puedan ver cráneos en la arena

la canción que nadie conoce
porque cualquiera que la haya oído
está muerto, y los demás no pueden recordarla.
¿Puedo contarte un secreto,
y si lo hago, podrías sacarme
de este traje de pájaro?
No disfruto de estar aquí,
encuclillada en esta isla
viéndome pintoresca y mítica,
con estas dos maníacas emplumadas,
no disfruto cantar
este trío, fatal y valioso.

Te diré el secreto a ti,
a ti, solamente a ti.
Acércate. Esta canción

es un grito de ayuda: ¡Ayúdame!
Sólo tú, solamente tú puedes,
tú eres el único,

finalmente. Por desgracia
es una canción aburrida,
pero funciona todas las veces.

Margaret Atwood (Ottawa, Canadá, 1939), Periódico de Poesía, N° 100, Universidad Autónoma de México (UNAM), junio de 2017
Traducción de Daniela Birt


Ref.
Margaret Atwood's Website
Maclean's


Siren Song 

This is the one song everyone
would like to learn: the song
that is irresistible:

the song that forces men
to leap overboard in squadrons
even though they see beached skulls

the song nobody knows
because anyone who had heard it
is dead, and the others can’t remember.
Shall I tell you the secret
and if I do, will you get me
out of this bird suit?
I don’t enjoy it here
squatting on this island
looking picturesque and mythical
with these two feathery maniacs,
I don’t enjoy singing
this trio, fatal and valuable.

I will tell the secret to you,
to you, only to you.
Come closer. This song

is a cry for help: Help me!
Only you, only you can,
you are unique

at last. Alas
it is a boring song
but it works every time.